Parte antes de la aurora desde el faro y camina hacia Cala Jugadora o Portaló, donde la geología retorcida enmarca el disco solar. La tramontana clareará el horizonte y, a veces, limpia hasta los Pirineos nevados. El terreno es irregular, así que pisa con decisión y evita las lajas húmedas. Lleva cortavientos liviano y termos con algo caliente. Cuando el cielo cambio de cobalto a coral, entiende uno por qué tantos artistas hicieron aquí de la luz su patria.
Este tramo combina pasarelas, escalinatas y pequeñas calas donde el rumor del agua acompasa la respiración. Sube al mirador del faro de Sant Sebastià con tiempo para encontrar tu barandilla preferida. El amanecer se reparte entre velas dormidas y rocas doradas, y el camino es amable para quien empieza. Evita horas con marejada fuerte en escalones próximos al agua. Al descender, los porticones color pastel se abren lentamente, y el pueblo te invita a desayunar sin urgencias.
Un paseo cuidado, con balaustradas señoriales, curvas suaves y bancos pensados para contemplar sin prisa. Ideal si quieres combinar seguridad, belleza y buenos accesos. La primera luz besa las rocas pulidas, y la brisa trae conversaciones madrugadoras de pescadores que revisan artes. Si practicas fotografía, busca capas: balaustrada, roca, línea del sol. Cuando el día ya manda, las sombras de pinos dibujan geometrias sobre la arena. Perfecto para un retorno sereno y un café cercano.